Los primeros pobladores:

Los habitantes encontrados por Cristóbal Colón en la isla de Puerto Rico, así como en sus islas vecinas, como la República Dominicana (La Española) y Cuba, fueron la suma de varias oleadas migratorias compuestas por diferentes grupos que pertenecían a sociedades arcaicas. Durante la etapa arcaica hubo dos grupos de pobladores en diferentes oleadas migratorias. Los primeros grupos arcaicos probablemente llegaron a las Antillas Mayores desde Centroamérica. El segundo grupo de pobladores ascendió desde Suramérica por el arco de las Antillas Menores arribando en balsas o canoas. De los grupos que probablemente provinieron de Centroamérica aproximadamente 6,000 a. C., el primer grupo se localizó en Cuba y La Española. Este se caracterizó por estar compuesto principalmente por una población de cazadores y recolectores. En las islas cazaban y recolectaban frutas, semillas y plantas; además, confeccionaban objetos en piedra.

Alrededor del 4,000 a. C. unos grupos de pescadores recolectores, oriundos de Suramérica, comenzaron a poblar las Antillas Menores y Puerto Rico. Fabricaban objetos en piedra pulida y, contrario a los anteriores pobladores, habitaron en las costas y áreas pantanosas. Practicaban mayormente la pesca. Sus asentamientos predominantemente en las costas demuestran sus preferencias por los recursos marinos, lo cual ha sido evidenciado en yacimientos arqueológicos y por estudios de concheros (yacimientos con gran cantidad de conchas).

Esta segunda oleada migratoria se caracterizó por la confección de artefactos de conchas marinas y en piedra pulida, como majadores y moledores con los que trituraban caracoles, semillas y raíces. Tal como el grupo anterior, fueron recolectores de alimentos y no poseían la técnica agrícola ni ceramista, aunque hay pruebas de que ciertos grupos tardíos pudieron haberlas iniciado. Por lo general, ambos grupos son llamados arcaicos.

El canal de la Mona, entre La Española y Puerto Rico, al parecer constituyó la frontera común para estos grupos. Posiblemente utilizaron las corrientes para mantener la comunicación y el intercambio de materiales y comestibles. Estas oleadas migratorias ocuparon progresivamente el oriente antillano hasta Puerto Rico y la isla de la Mona (Amona).

Se considera que la sociedad de los arcaicos estuvo formada por bandas seminómadas. Asimismo, se estima que en algunos casos estuvo formada por grupos relativamente sedentarios, probablemente unidos por vínculos sanguíneos. Basado en la evidencia arqueológica, se establece que debido a la explotación de los recursos costeros y la vida seminómada de esta sociedad su economía estuvo basada en la pesca, la recolección y la caza; probablemente de manera cíclica, por estación o temporada.

Además de la pesca y la recolección de crustáceos, la caza fungió como apoyo nutricional para los habitantes. La evidencia indica que entre los animales cautivados se encontraron diversas aves tanto autóctonas como migratorias; la jutía o conejillo de Indias; y el megalognus. El megalognus era un tipo de oso perezoso gigante que vivió en las Antillas en el periodo Cuaternario durante el Pleistoceno, pero que se extinguió luego de la llegada del ser humano. Existe un debate sobre la ingesta del llamado perro mudo, que además de servir de compañero de caza, pudo ser parte de la dieta de los arcaicos en momentos de hambruna.

Los arcaicos se caracterizaron por sus artefactos en piedra. Esta época fue conocida como la era lítica. Producían instrumentos en un proceso de lascado de la piedra hasta llevarla a la forma deseada, para luego pasarla por un procedimiento de pulido, así creaban lanzas y diversos tipos de hachas de piedra. Probablemente trabajaron y utilizaron la madera, pero debido a la antigüedad de estos grupos y, sobre todo, debido a lo húmedo del clima la conservación de la madera habría sido prácticamente imposible.

Hasta el momento no se ha encontrado evidencia de deformación craneal entre este grupo. Aparentemente esta práctica fue adoptada por grupos posteriores. Es válido presuponer que estos grupos aún acarreaban las costumbres de su lugar de origen, así como sus vestimentas y decoración corporal. Hoy día estos rasgos podrían compararse con los de las tribus que aún se encuentran en la Amazonia.

Orígenes:

El origen suramericano de las culturas de estos grupos que emigraron hacia las Antillas ha sido establecido mediante pruebas genéticas con el ADN mitocondrial, el cual se transmite intacto a través de la madre. Dos grupos fueron identificados: los haplogrupos A y C. El grupo A reveló provenir de México y Centroamérica en un 20 por ciento, probablemente desde la península de Yucatán a través de las Antillas Mayores. Se estableció que el haplogrupo C correspondía en un 60 por ciento al tipo AM79, hallado entre los yanomami de Suramérica y el haplotipo que contiene el por ciento restante fue identificado como el AM32, que se encuentra en otras tribus de la Amazonia que aparenta haber llegado junto con los AM79.

Según lo expuesto por los investigadores, las poblaciones arcaicas existentes en las Antillas durante miles de años posiblemente no desaparecieron luego del 1,500 a. C. Se estima que ocurrió un proceso de hibridación o de intercambio de artefactos y técnicas, una especie de aculturación, y que más bien asimilaron los rasgos culturales de los agroalfareros. De este modo, los ostionoides fueron el resultado de la lenta transformación de los arcaicos en agroalfareros, de donde surgieron los primeros desarrollos ceramistas.

Creencias y enterramientos:

Según la evidencia arqueológica, los grupos arcaicos poseían creencias religiosas definidas ya que, por lo general, enterraban a los muertos regularmente con el cuerpo extendido y utilizaban cuevas o abrigos rocosos para depositar a sus difuntos. Lamentablemente, al no haber evidencia de sus creencias mágico-religiosas, escritas u orales, es lógico pensar que fuesen muy parecidas a las recopiladas por los cronistas fray Ramón Pané y Bartolomé de Las Casas. Posiblemente sus creencias fueron transmitidas a través de la tradición oral debido a la similitud que tiene el mito de la creación taína con los mitos de varias tribus arahuacas encontradas a lo largo de la cuenca del río Orinoco. Los hallazgos de ciertas piezas de tipo simbólico (gladiolitos, bolas de piedra pulimentada y colgantes de piedra y caracol) podrían ser un indicativo de ello.

En Puerto Rico, las fechas más antiguas de evidencias arcaicas corresponden a los yacimientos como Puerto Ferro en Vieques, con 2,140 años a. C., las excavaciones de la década del 1990 realizadas por los arqueólogos Carlos M. Ayes en Angostura en Barceloneta (unos 4,000 años a. C.) y Miguel Rodríguez López y Juan González en Maruca en Ponce (2,850 años a. C.). Otros yacimientos fueron encontrados en cayo Cofresí en Salinas (320 años a. C.) y en la cueva María de La Cruz en Loíza (30 años a. C.).

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