Siglos antes de la era cristiana, desde el 500 a. C. al 600 d. C., varios grupos de arahuacos provenientes de la costa norte de Suramérica poblaron las Antillas, incluyendo a Puerto Rico. Estos pobladores son tradicionalmente llamados saladoides por el yacimiento guía de Saladero en Venezuela de donde eran oriundos. Probablemente llegaron a las Antillas en sus canoas durante varias migraciones. Durante Esta serie de migraciones se conoce como la etapa agroalfarera. El arqueólogo estadounidense Benjamin Irving Rouse postula que esta etapa de migración de los saladoides implicó la desaparición de los arcaicos insulares. Esto conllevó el desarrollo de los agroalfareros o saladoides, dio origen a los ostionoides y, finalmente, a los chicoides o taínos.

Los nuevos pobladores practicaban una agricultura de tala y roza, o tala y quema de los árboles para sembrar. Se adaptaron al medioambiente de las islas antillanas utilizando todos los recursos. Esta maximización de los recursos conllevó a que además recolectaran especies marinas. Puerto Rico, por su mayor amplitud de terreno, les proveía una mejor protección y abundantes recursos de pesca y recolección.

Existen variantes de nomenclatura para estos grupos migratorios según cada escuela de investigación. Algunos los llaman saladoides porque su cerámica se asemeja a la del sitio Saladero en Venezuela. Otros los llaman agroalfareros por los conocimientos que tenían sobre agricultura y alfarería. También se conocen como arahuacos insulares, saladoides insulares o igneris.

En Puerto Rico, el yacimiento más importante de este grupo cultural se encuentra en el lugar conocido como Hacienda Grande en Loíza, el cual logró su florecimiento para el 200 a. C. Por otro lado, los arqueólogos Luis Chanlatte e Yvonne Narganes, según lo encontrado en el yacimiento Sorcé en Vieques, exponen que el periodo agroalfarero se compone de dos migraciones sucesivas: la hueca y los saladoides-igneri. Otros arqueólogos opinan que los huecoides son una divergencia cultural de los saladoides.

Se entiende que los agroalfareros llevaban un modo de vida aldeano igualitario. Su lugar dentro del sistema social se basaba en la actividad doméstica y en relaciones de parentesco. Vivían en una propiedad común, construida en forma oblonga y ocupada por familias extensas. Sus poblados tenían forma semicircular con una plaza central común. La sociedad carecía de un poder centralizado; los jefes eran elegidos temporalmente solo para ciertas actividades. Contaban con la presencia del chamán o curandero, quien probablemente fungía como autoridad en algunos casos.

Un evento muy importante consistió en la introducción de la yuca a las Antillas por parte de los agroalfareros, quienes se caracterizaron por cultivar tubérculos. Convertían la yuca una vez rayada, exprimida y cocida en tortas de casabe. El casabe pasó a ser la base alimenticia de todas las culturas aborígenes antillanas posteriores.

Los grupos agroalfareros extendieron y perfeccionaron la confección de la cerámica a través de las islas del arco antillano hasta llegar a Puerto Rico y quizás hasta parte de la costa oriental de La Española. La peculiaridad de los llamados huecoides, saladoides o igneris se haya en la excelencia de su cerámica, la cual poseía un alto nivel técnico y artístico. Dominaban la técnica ceramista en todos sus pasos: seleccionaban adecuadamente el barro, añadiéndole de forma precisa el desgrasante para no rajarse. A su vez, utilizaron el método del enrollado para hacer tipos específicos de vasijas.

La decoración se efectuaba a través de pintura, modelado, incisión o combinaciones de estos. La pintura, de origen mineral y vegetal, se colocaba en el exterior de las vasijas y en el interior de los platos y las bandejas. La decoración se basaba principalmente en figuras geométricas. Usaban pintura blanca sobre fondo rojo o policromía. En ocasiones moldeaban las asas, simulando animales o seres míticos con figuras antropomorfas (de forma humana). Gran parte de los recipientes saladoides se caracterizan por tener forma de campana invertida y por la presencia de asas en forma de la letra “D” que no sobrepasan el borde de la vasija y en cuya parte superior tienen una pequeña rebarba.

La próxima migración de estos grupos agroalfareros, los ostionoides, se produjo del 600 al 1,200 d. C., aproximadamente. Se infiere que el grupo anterior se encontraba ya adaptado al ecosistema antillano, o a las nuevas migraciones e influjos suramericanos, y que habían adoptando prácticas de todos aquellos grupos asentados en la isla. Como consecuencia, en Puerto Rico se desarrollaron nuevas técnicas de producción agrícola, cambió el estilo ceramista y aumentó la población. Progresivamente, los ostionoides se extendieron hacia La Española, Cuba, Jamaica y las Bahamas, desplazando o interaccionando con los arcaicos de estas islas.

Se considera a los ostionoides como los precursores de los taínos. A pesar de sus variaciones regionales, son llamados ostionoides por haberse reportado originalmente en punta Ostiones, Cabo Rojo, Puerto Rico. En el 1919, Adolfo de Hostos reportó en punta Ostiones un yacimiento que refleja el decisivo cambio social ocurrido hacia el año 600 de la era actual. Este yacimiento muestra claramente una adaptación al medioambiente insular, lo que posiblemente resultó en una elite emergente.

Este nuevo grupo cultural poseía comportamientos socioeconómicos diferentes de los agroalfareros anteriores. La arqueología demuestra que los agroalfareros vivían en poblados costeros en las cercanías de los arrecifes de coral, de los mangles y de agua potable. Froelich Rainey los bautizó como la “cultura del cangrejo”.

Las técnicas agrícolas de los ostionoides experimentaron un cambio radical. Se evidencia la innovadora utilización de montículos agrícolas. Esto permitió un aumento significativo en la producción. A su vez, continuaron y mejoraron los métodos para la cacería de aves. Se considera que los ostionoides lograron un dominio medioambiental múltiple.

Estas mejoras favorecieron el desarrollo social y un paralelo crecimiento poblacional. El espacio comunal comenzó a definirse con mayor precisión. La vivienda mantenía su forma oblonga, pero parece que se redujo en tamaño, lo que sugiere que hubo un cambio hacia la familia nuclear. Durante esta época hicieron su aparición las primeras construcciones antillanas para el juego de pelota.

Los ostionoides contaban con una fuerza trabajadora organizada y con un principio de autoridad establecido, lo que parece indicar que esta colectividad representó el primer paso de una sociedad tribal a una sociedad basada en el cacicazgo en las Antillas. Francisco Moscoso concluye que los ostionoides eran propiamente taínos a nivel tribal y que los denominados taínos encontrados por los europeos correspondían a la jefatura o cacicazgo de la misma cultura. La fase taína viene a ser la suma cultural de las poblaciones aborígenes anteriores en sus etapas más tardías.

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