La masonería puertorriqueña es un enigma para la mayoría de la población. Unos la miran con temor, otros con curiosidad o admiración y otros con recelo. Actualmente, la masonería ya no se identifica a sí misma como una organización secreta, sino más bien discreta. Se define como una fraternidad dedicada al desarrollo individual como paso inicial para el mejoramiento de la sociedad. Es una organización filantrópica que contribuye con organizaciones benéficas de diferente índole.

Sin embargo, cuando se habla de la masonería puertorriqueña contemporánea, es erróneo hablar de ella en singular. Resulta más acertado referirse a las masonerías puertorriqueñas, en plural. Estas proyectan una serie de elementos comunes en términos de las ceremonias, los rituales y los ritos utilizados, pero, a la vez, tienen filosofías, concepciones y prácticas que las diferencian entre sí.

Los masones se agrupan en logias. Las logias, a su vez, conforman asociaciones que se conocen como obediencias masónicas. En estos momentos, funcionan en la isla tres obediencias masónicas distintas: el Gran Oriente Nacional de Puerto Rico, la Gran Logia Mixta de Puerto Rico y la Gran Logia Soberana de Libres y Aceptados Masones de Puerto Rico. Además, funciona de forma independiente la Respetable Logia Femenina Julia de Burgos.

La primera gran logia puertorriqueña que se estableció en la isla fue La Gran Logia Soberana. Se fundó el 20 de septiembre de 1885 en Mayagüez bajo el liderato de Santiago R. Palmer, un líder autonomista perseguido y encarcelado por el gobierno español a causa de sus ideales. Esto no quiere decir que no existieran logias en Puerto Rico hasta ese momento, sino que las que existían pertenecían a obediencias extranjeras.

Durante la mayor parte del siglo XIX, las logias masónicas fueron organizaciones perseguidas tanto por el gobierno como por la Iglesia católica. Por un lado, el gobierno español las veía como gestoras de movimientos de independencia en toda América Latina y el Caribe. Por otro lado, la Iglesia católica las consideraba un peligro en contra de los dogmas y las doctrinas cristianas. Esta persecución se dio de forma intermitente. Las reacciones de las logias variaban de acuerdo a los niveles de acoso que se producían en la sociedad según el momento dado. El hostigamiento a que eran sometidas provocó que algunas logias cesaran sus trabajos de forma temporera, que otras cerraran de forma definitiva y que aun otras decidieran trabajar de forma clandestina o secreta.

Las logias reanudaron de manera oficial sus trabajos en Puerto Rico para 1899 con el traspaso de la colonia al gobierno estadounidense. Cuando la Gran Logia Soberana reanudó sus trabajos, decidió trasladar su sede a San Juan. Esta decisión estaba basada en la idea de que con el cambio de soberanía cambiaba la actitud gubernamental hacia la masonería, ya que en Estados Unidos la nueva metrópoli no solo no se perseguía a los masones, sino que varios de sus próceres, considerados padres de la patria, habían sido masones reconocidos. Ante esa nueva realidad social y política los masones podían trabajar abiertamente en la capital de Puerto Rico. Asimismo, se manifestó un cambio de actitud de lo que había sido la realidad de la masonería en el siglo XIX con tendencias claramente separatistas y autonomistas hacia una de tolerancia del coloniaje—, que se fue desarrollando hasta convertirse, para algunos masones, en una actitud de admiración por la nueva metrópoli.

La Gran Logia Soberana siguió creciendo en número y poder hasta llegar a considerarse como la representante de la masonería puertorriqueña. Con el tiempo, se sumaron a la orden personas de diferentes ideologías, con distintas preocupaciones e intereses, hasta convertirse en un grupo bastante heterogéneo. Esta situación influyó en que al hablar de libertad o de igualdad se tomase como una violación a la regla que prohibía los debates de religión y de política en las logias. Sin embargo, algunas logias comenzaron a colocar la bandera estadounidense en sus templos sin que esto se tomara como una acción política. Esta tendencia hacia al anexionismo comenzó a tener repercusiones y a crear descontento y divisionismo entre los miembros de la Gran Logia Soberana.

Este descontento tuvo su culminación en la década de 1940 con la mayor escisión que ha sufrido una obediencia masónica en la isla. El proceso comenzó en 1942, cuando la Logia Luz del Cosmos No. 79 inició un movimiento de renovación donde se buscaba retornar a lo que ellos consideraban eran los verdaderos valores masónicos de búsqueda de libertad e igualdad. Finalmente, el 16 de mayo de 1948 se constituyó el Gran Oriente Nacional de Puerto Rico. Así surgió una postura ideológica dentro de la masonería puertorriqueña que se conocería más adelante como masonería patriótica. El Gran Oriente Nacional convirtió la lucha por la libertad de la patria en su norte. Dos de sus líderes más prominentes durante su origen y posterior desarrollo lo fueron Antonio Santaella Blanco y Abelardo E. Díaz.

Como era de esperarse, los líderes de la Gran Logia Soberana reaccionaron con coraje e insultaron a los que hasta ese momento habían sido miembros de sus talleres, declarándolos masones irregulares e indeseables. Dicha actitud evitó el que, posteriormente, se establecieran relaciones entre ambas grandes logias. Hasta el presente, la Gran Logia Soberana continúa sin reconocer a los miembros del Gran Oriente Nacional como masones. Así pues, la persecución que había sufrido la masonería en el siglo XIX por parte del gobierno español, la sufrieron los miembros de la masonería patriótica en el siglo siguiente por representantes de la nueva metrópoli.

A solo seis años de constituido el Gran Oriente Nacional comenzaron los problemas que provocaron la salida de tres logias. Antonio Santaella Blanco estaba utilizando su prerrogativa como gran maestro para seleccionar y admitir nuevos candidatos de a dedo, sin seguir el procedimiento regular. Esto provocó que en 1954 ocurriera otra escisión en la masonería boricua. Al cabo de los años, grupos de las tres logias que se habían separado formaron una nueva obediencia. Por ende, el 29 de abril de 1965 se constituyó la Gran Logia Nacional de Puerto Rico, segundo oriente de masonería patriótica en la isla.

En 1981 surgió otro conflicto en el seno del Gran Oriente Nacional que provocó una nueva escisión y, con ella, una nueva obediencia. El conflicto se centraba en el rechazo de algunos miembros de la orden a que se establecieran relaciones con organismos de Estados Unidos donde participaran cubanos en el exilio, en específico con la Respetable Logia de Lenguas Extranjeras en la ciudad de Nueva York. Como resultado de las confrontaciones, algunos miembros fueron expulsados. Estos se organizaron y, en 1982, quedó constituido el Gran Oriente Interamericano de Puerto Rico. Sin embargo, este nuevo oriente decidió reintegrarse nuevamente al Gran Oriente Nacional en 1996.

En el 1983, siete mujeres decidieron formar la primera y única logia femenina en Puerto Rico hasta el momento. Algunas de ellas eran esposas de masones del Gran Oriente Nacional y de la Gran Logia Nacional. Las obediencias que existían en ese momento en la isla se negaban a iniciar mujeres, de modo que tuvieron que buscar fuera de Puerto Rico alguna obediencia que las iniciara. Como algunas habían viajado acompañando a sus esposos a actividades masónicas internacionales, aprovecharon para establecer contactos con logias femeninas fuera de Puerto Rico. Los líderes del Gran Oriente Nacional y de la Gran Logia Nacional viajaban con cierta regularidad a México. Fue así como se estableció contacto con la Gran Logia de Mujeres Insurgentes de México. El grupo fundador estuvo compuesto por Conchita Rinaldi, Minerva González, Isabel Vega Vicenty, Dora Santos, Ruth Vasallo, Clotilde Colón y Elena Ayala. Estas masonas formaron la Respetable Logia Femenina Julia de Burgos, afiliada a la Gran Logia de Mujeres Insurgentes de México, con la que mantuvo contacto por años. Con el correr del tiempo, se perdió la comunicación con la logia madre. A pesar de esto, la logia femenina ha continuado trabajando de forma independiente.

En 1990, el Gran Oriente Nacional de Puerto Rico tomó la decisión de enmendar su constitución y reglamento para permitir la iniciación de mujeres en la orden, convirtiéndose de esta manera en una obediencia mixta. Luego, la Gran Logia Nacional hizo lo mismo en el año 2000 y en el 2004 decidió cambiar su nombre al de Gran Logia Mixta de Puerto Rico. Ambas grandes logias mantienen relaciones de colaboración con la Respetable Logia Femenina Julia de Burgos.

Actualmente, estas tres grandes logias y la logia femenina se mantienen trabajando con el desarrollo personal de sus miembros. Se involucran de distintas maneras y en diferentes proporciones en actividades filantrópicas y de ayuda comunitaria con el propósito de impactar positivamente a sus comunidades.

 

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