Los historiadores han establecido niveles de liderazgo a nivel global: bandas, tribus, jefaturas o cacicazgos. Estos niveles comienzan desde el nivel más simple, hasta alcanzar una posición de poder más compleja, de mayor responsabilidad y estatus.

La evidencia etnohistórica demuestra que al momento de la migración los arcaicos posiblemente fueron grupos de banda (pequeño grupo de personas de una misma población). El siguiente grupo, los agroalfareros, al encontrarse en el proceso ya de adaptación al medioambiente y formar sus propios clanes, posiblemente familiares, estaban a nivel de tribus, aunque había varios cacicazgos en gestación. Se teoriza que los ostionoides debieron ser taínos a nivel tribal. Desde una perspectiva socioeconómica, el surgimiento de una producción excedentaria a nivel rival provocaría una transformación. En consecuencia, los individuos y los grupos de parentesco que anteriormente tenían en la tribu cierto prestigio y rango comenzaron entonces a ocupar la posición jerárquica que daría paso al cacicazgo.

Entre los taínos, los cacicazgos pudieron haber surgido como resultado del dominio progresivo de un líder y unos guerreros que fueron imponiéndose tanto por prestigio como por la fuerza dentro de su propio grupo y entre poblados, e incluso islas vecinas. El surgimiento de los cacicazgos puede haber sido el resultado de un complejo proceso histórico donde el prestigio del guerrero jugó un papel importante. Durante este proceso, los varios grupos tribales fueron imponiéndose entre sí en cada isla hasta lograr la formación de cacicazgos consolidados en relativa paz.

En las Antillas Mayores los taínos alcanzaron una sociedad compleja con un sistema político, económico e ideológico intermedio entre la tribu y el Estado. La propiedad continuaba siendo comunal, aunque existía una clara estratificación social y una especialización en el trabajo. Una vez obtuvieron un mejor conocimiento de la climatología y de la técnica agrícola, los taínos pudieron alcanzar una mayor productividad, lo cual equivalió en más poder.

Una vez adquiridos los conocimientos de cómo influencia el cosmos en la agricultura y el manejo adecuado de las masas, aumentó y se construyeron grandes poblados y plazas ceremoniales. Esto también correspondió a una jerarquización y humanización de las divinidades. La religión alcanzó una mayor sofisticación que se reflejó en un complejo ceremonialismo y en la confección de objetos artísticos.

Los grupos de parentesco fueron conformándose en diferentes jefaturas o cacicazgos distribuidos geográficamente en cada isla. La sociedad taína, según descrita por los cronistas, estaba compuesta por caciques, nitaínos, bohíques y naborias. El cacique comprendía la máxima expresión de autoridad. Entre su funciones, la más predominante era la de dirigir y administrar el proceso de producción. El poder del cacique provenía de la cantidad de poblados que controlaba. La poligamia le permitía al cacique tener mujeres en diferentes localidades, extendiendo así su poderío.

En Puerto Rico, Fernández de Oviedo, cronista español, citó seis principales caciques rebeldes: Agüeybaná, Aymamón, Mabodomoca, Urayoán, Guarionex y Luisa, los cuales quizás comprendían igual número de cacicazgos. El historiador puertorriqueño, Cayetano Coll y Toste llegó a establecer diecinueve cacicazgos a nivel isla en el momento del arribo de Colón a Puerto Rico. Se considera que los caciques eran seleccionados por la línea materna.

El cacique cargaba, como símbolo de su jerarquía, un guanín de origen suramericano hecho de una aleación de oro y cobre. Este simbolizaba al primer cacique mítico taíno Anacacuya que significa lucero del centro o espíritu central. Además del guanín, el cacique utilizaba otros artefactos y adornos que servían para identificarlo. Algunos ejemplos son túnicas de algodón y plumas, coronas y máscaras o “guaizas” de algodón con plumas; piedras de colores, conchas u oro; cinturones tejidos de algodón; y collares de cuentecillas de caracol o piedras con pequeñas máscaras de oro u otro material.

La casa o “caney” del cacique servía como vivienda y templo. Allí se realizaba el ritual de la cohoba y se custodiaba a los cemíes. Según los cronistas, la plaza ceremonial estaba frente al caney. Se creía que la jerarquía social establecida por el cacique emanaba de la jerarquía divina. A su vez, se producía una progresiva humanización de las deidades supremas representadas en los cemíes con rasgos antropomorfos.

El poder hereditario aseguraba el equilibrio cósmico alcanzado. La posición la heredaba el primer hijo de la hermana mayor del cacique, de forma que se garantizaba el mismo linaje. La estructura social taína fue jerarquizada como un reflejo de la sociedad modelo de los dioses. El orden divino no debía alterarse.

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