Durante las primeras décadas del siglo XX, la mujer como personaje del teatro puertorriqueño abandona poco a poco la figura ingenua del ser engañado por los hombres y se convierte en encarnación simbólica de la Patria.
Es una de las dramaturgas más versátiles en Puerto Rico. Ha sido actriz, escritora, artista gráfica, productora, diseñadora de vestuario, directora de teatro, profesora e historiadora.
Educadora que se destacó, como muchos de los otros miembros de la Generación del 30 a la que perteneció, por defender la enseñanza del español, idioma vernáculo de los puertorriqueños