La Carta Autonómica de 1897 fue una reforma concedida por España que otorgó a Puerto Rico un gobierno propio, aunque bajo soberanía española. Estableció un gabinete local y una Cámara de Representantes. Sin embargo, mantuvo el control militar, judicial y diplomático en manos de España.
Fue parte del movimiento autonomista puertorriqueño que abogó en las últimas décadas del siglo XIX, por el reconocimiento de reformas durante la dominación de España en el país
“Tenían estas gentes una buena y gentil manera de memorar las cosas passadas y antiguas y esto era en sus cantares y bayles, que ellos llaman areytos (...)"
En mi última columna expliqué la importancia de la autonomía municipal en cuanto a la participación ciudadana en el gobierno, sobre profundizar nuestra democracia, y sobre un gobierno más efectivo para Puerto Rico.