Luego de la producción del azúcar, el segundo renglón de mayor relevancia en los inicios de la dominación estadounidense fue la industria del tabaco. (Foto: Puerto Rico Historic Building Drawing Society)
Las leyes orgánicas Foraker y Jones, aprobadas en 1900 y 1917, respectivamente, marcaron una relación de tutelaje y subordinación política, y delimitaron los linderos económicos de Puerto Rico frente a Estados Unidos. Ambas leyes establecieron una relación de dependencia de Puerto Rico frente a los grandes intereses económicos estadounidenses. La invasión de Puerto Rico por ese país en 1898 implicó, además, el flujo de capital extranjero –fundamentalmente de EE.UU.– orientando la economía puertorriqueña hacia el monocultivo de la caña de azúcar, la cual estuvo dominada por métodos capitalistas de producción. El paisaje del litoral se pobló de cañaverales, la tierra fue controlada por las grandes centrales de capital ausentista principalmente, y unas pocas de propiedad de puertorriqueños que trataban con dificultad competir con los intereses norteamericanos. Los cultivos de subsistencia y otros productos importantes como el café decrecieron. Las relaciones sociales y económicas fueron marcadas por el cultivo de la caña y la producción de azúcar y otros derivados, en menor grado. En los primeros 30 y 40 años del siglo XX, en Puerto Rico prácticamente toda la población dependió directamente o indirectamente del azúcar. Continuó el auge azucarero, ya manifiesto en el siglo XIX, pero con el dominio de EE.UU. aumentó significativamente la producción y su exportación. El crecimiento de los pueblos, el desarrollo de los bancos, el comercio, todo giraba en torno al dulce.

Trabajadores de la caña en Puerto Rico, c.1900. (Foto de Puerto Rico Historic Building Drawing Society)
Antes de la invasión norteamericana, entre las décadas de 1870 a 1890, la producción del café dominó la economía. El oloroso producto era muy apreciado en los mercados europeos. Sin embargo, el 8 de agosto de 1898 el huracán San Ciriaco ocasionó grandes estragos en la isla y devastó los cafetales. Las causas naturales y materiales impidieron que la zona cafetalera se recuperara, de hecho, jamás pudo volver a tener la prominencia económica que una vez gozó. Sin capital y sin cosecha, muchos de los pequeños comerciantes se unieron a las filas del trabajo asalariado o emigraron. Como colonia estadounidense, Puerto Rico perdió la entrada a los mercados europeos principalmente. El café puertorriqueño fue visto como producto extranjero y se le impuso altas tarifas. Cuba también acrecentó sus aranceles, ya que su propia producción y comercio de café estaban en vertiginoso aumento. El mercado de la nueva metrópoli no suplantó las pérdidas de otros espacios comerciales. El café puertorriqueño entraba en desventaja pues competía con el suramericano, café más preciado y cotizado por los paladares norteamericanos.
El aumento dramático de la producción de la caña en el siglo XX fue el resultado de la expansión de la industria gracias a la modernización de las técnicas de cultivo y procesamiento orientadas por el capitalismo agrario. Las grandes centrales instalaron la tecnología más innovadora de la época, a la par que iban arropando las costas y los valles interiores. El área dedicada a la producción de caña de azúcar aumentó de 72,146 cuerdas en 1899 a 145,433 en 1909, y 237,758 en 1929. Muchas de estas tierras habían sido dedicadas antes a hatos (ganado) o a cultivos de frutos menores de subsistencia. Las centrales acapararon mucho más de los 500 acres permitidos en la Ley Foraker y la Ley Jones. La ausencia de medidas ante la infracción o de mecanismos para supervisar la extensión de las fincas permitían la ilegalidad y convertían la ley en letra muerta.
La South Porto Rico Sugar Company y la Fajardo Sugar Company fueron dos de los grandes colosos del capital ausentista que dominaban la economía, acapararon la tierra y mantuvieron en la penuria a los trabajadores. Sin duda, la producción de la caña de azúcar era un negocio productivo y rentable. Puerto Rico contaba con suelos fértiles, un clima generoso y una mano de obra abundante y barata. El gobierno estadounidense aprobó toda la legislación necesaria para justificar el enriquecimiento de las grandes corporaciones con sede en el norte y la explotación de los obreros asalariados. Las riquezas no se quedaban en Puerto Rico, y los sueldos y condiciones de vida del pueblo trabajador estuvieron marcados por la miseria, el hambre y las enfermedades.
Como se mencionó antes, luego de la devastación natural y económica del huracán San Ciriaco la opción para muchos puertorriqueños fue la emigración hacia Hawái, Cuba y República Dominicana. Sin embargo, el movimiento migratorio principal fue del interior hacia las costas del archipiélago puertorriqueño. San Juan, Mayagüez y Ponce experimentaron un aumento en su población. Para 1910, la vivienda escaseaba y las condiciones de salubridad y hacinamiento eran alarmantes. Aunque gracias a los adelantos de la medicina las tasas de mortalidad se redujeron, enfermedades como la tuberculosis, la malaria, la anemia o la uncinariasis seguían azotando a la población.
A pesar de las jugosas ganancias de la industria cañera, el sueldo era mezquino. Durante el tiempo muerto la miseria aumentaba. Era habitual intentar en vano “buscárselas” de otra forma. La necesidad obligó a que otros miembros de la familia –mujeres y niños– entraran al mercado laboral, aunque ya desde la dominación de España estos sectores apoyaban el sustento del hogar. Debido a la economía orientada a la exportación y el acaparamiento de tierras desde fines del siglo XIX, los suelos que antes eran dedicados a los cultivos de subsistencia, en el siglo XX fueron más escasos. La dieta diaria cambió drásticamente: el pueblo estaba mal nutrido, faltaba hasta lo esencial. En el siglo XX, la dependencia de la importación –desde alimentos básicos hasta las mercancías más complejas– del mercado estadounidense ocasionaba que los trabajadores pagaran precios altísimos por los productos básicos de consumo.
La educación mejoró notablemente, experimentándose un aumento en la población que sabía leer y escribir. Sin embargo, el sistema educativo se convirtió en un medio de transculturación o americanización. A principios del siglo XX, el uso del inglés como idioma principal y el juramento de lealtad a la bandera estadounidense fueron introducidos en el currículo escolar del país menospreciando la realidad sociocultural de los estudiantes y maestros, y sin tener en consideración la preparación académica de estos últimos. Muchos educadores fueron despedidos por ser considerados promotores de la disidencia ante el nuevo gobierno y por no saber inglés.
Es importante mencionar otros dos renglones comerciales: el tabaco y la industria de la aguja. Luego de la producción del azúcar, el segundo renglón de mayor relevancia en los inicios de la dominación estadounidense fue la industria del tabaco. Los inversionistas se interesaron en dicha industria y establecieron centros tabacaleros en la región montañosa de la isla: Cayey, Comerío, Aibonito, Cidra, Naranjito. La Colectiva de Rucabado y Portela era una de las compañías más importantes en la época española, que fue adquirida, entre otras, por los capitalistas de EE.UU., para convertirla en la Porto Rican American Tobacco Company. Mediante la explotación de los elaboradores domésticos, controlaban los precios de la venta en perjuicio de los pequeños comerciantes. La industria de la aguja fue el tercer renglón económico. Este se desarrolló rápidamente durante la década de 1920. Dueños de empresas de tejidos, principalmente neoyorquinos, encontraron su mina de oro en Puerto Rico: mano de obra barata y diestra. Sus obreras eran mujeres y niñas que trabajaban en sus casas largas horas hasta la extenuación por sueldos de miseria. Una vez completada la orden, con sudor y estómagos vacíos, era buscada por un agente de la casa comercial.
Fue en las injusticias e historias comunes compartidas ya en el cafetín, luego de la ardua faena en el cañaveral o mientras se despalillaba el tabaco, que surgió la acción obrera conjunta. Los casinos fueron las primeras organizaciones en las cuales, con la lectura de la literatura laboral europea, se empezó a crear conciencia. Santiago Iglesias Pantín, inmigrante gallego, carpintero y anarquista, fue una figura clave en la fundación de la Federación Libre de Trabajadores (FLT), vinculada a la American Federation of Labor a partir de 1899. El movimiento obrero estuvo fuertemente activo entre 1915 y 1919. La huelga cañera de 1917 fue relevante para la madurez del grupo. Enfrentaron de forma tenaz a los patronos, aunque no lograron todos sus objetivos. La experiencia llevó a los líderes de la FLT a optar por la vía del activismo político y fundaron, en 1915, el Partido Socialista. Paulatinamente, ese partido se convirtió en una fuerza política decisiva con Santiago Iglesias Pantín como líder. Iglesias Pantín vio en la americanización y la anexión de Puerto Rico a Estados Unidos el espacio ideal para mejorar las condiciones de los trabajadores. No obstante, la historia probó que los grandes intereses junto a los estatutos legales que regían la colonia puertorriqueña fueron enemigos de los derechos de los trabajadores de la caña, del tabaco y de la aguja. Faltaría aún mucho camino por recorrer para lograr las condiciones justas de trabajo que el pueblo merecía y exigía.
Referencias:
Baldrich, José Juan. “Smoker beyond the sea: the story of Puerto Rican tobacco”. Jackson: University Press of Mississippi, 2022.
Dietz, James. “Historia económica de Puerto Rico”. Río Piedras: Ediciones Huracán, 1989.
Moscoso, Francisco y Lizette Cabrera. “Historia de Puerto Rico, desde la antigüedad hasta el mundo actual”. Ediciones Santillana, 2023.
Scarano, Francisco. “Puerto Rico: cinco siglos de historia”. Tercera edición.
México: Mc Grill Interamericana, 2008.
Autor: Yanelba Mota Maldonado
Publicado: 26 de agosto de 2015
Actualización: Dra. Lizette Cabrera Salcedo, 13 de mayo de 2024
Edición: Mariela Fullana Acosta, 28 de julio de 2024




