Mapa holandés de San Juan del siglo XVII. (Archivo Geoisla)
Entre las características del periodo histórico que comprende el siglo XVII en Puerto Rico, resalta la escasa población y el relativo aislamiento de la colonia con respecto al control de España. La ganadería y la agricultura de subsistencia eran las principales ocupaciones de los habitantes. El contrabando generalizado fue una práctica regular en la economía y vida cotidiana de la época.
Con la militarización de San Juan y el consecuente apartamiento del resto del territorio insular a causa de los ataques de los ingleses (1595 y 1598) y los holandeses (1625) –sumado a los escasos contactos comerciales con España–, la economía colonial fue en deterioro continuo. En contraste, otras posesiones territoriales europeas del entorno veían florecer la explotación de sus recursos naturales y comerciales. Los ingleses y los franceses colonizaron espacios geográficos y estratégicos de las Antillas Menores. Los enemigos de España colonizaban tierras cercanas y acechaban con el comercio ilícito todo el Caribe. Así las cosas, en Puerto Rico la agricultura a pequeña escala, la ganadería y el contrabando de bienes actuaron como medios alternos para enfrentar la crisis. Con vecinos antillanos ávidos de participar en ese intercambio lucrativo, la ilegalidad contrabandista fue un instrumento medular en el desarrollo de la colonia puertorriqueña sobre todo durante los siglos XVII y XVIII.
En el lapso, entre 1625 –fecha que marcó el ataque del holandés Balduino Enrico a la ciudad de San Juan– y el 1700, la emigración, el desequilibrio entre la cantidad de mujeres y hombres habitantes, y las epidemias frecuentes limitaron severamente el crecimiento poblacional. El descenso era evidente, no solo en la ciudad capital, sino también en la Villa de San Germán, Aguada, Arecibo, Ponce y Coamo. Muchos hombres jóvenes emigraron en busca de mejores oportunidades económicas. La emigración repercutió en un desbalance doble. Por un lado, el potencial productivo de los varones adultos se escapaba de la tierra puertorriqueña, además de afectarse la tasa de nacimientos. Por otro lado, moría mucha gente por epidemias como la viruela y la peste bubónica.
Sin embargo, el renglón económico de la ganadería despuntaba. El campesinado extendido por el territorio insular enfrentó los condicionamientos impuestos por las relaciones comerciales con España mediante el intercambio comercial con los residentes de las islas colonizadas por otros países europeos. Curazao, Jamaica y Martinica eran puntos de contrabando. Los contrabandistas de esas colonias buscaban en las costas de Puerto Rico los productos de la economía de los hatos donde eran criados el ganado vacuno, los caballos, las mulas y los cerdos. Los cueros, además de los animales completos, eran intercambiados con los extranjeros mencionados.
Los hatos (conjunto de ganado) habían surgido en el siglo XVI, cuando los espacios boscosos deshabitados se convirtieron en lugares propicios para el ganado pastar. La evolución de esa práctica conllevó la demarcación de terrenos agrícolas para ese propósito. Muchos ganaderos lograron la asignación de extensiones de terreno para construir corrales para sus reses. Eventualmente a estas porciones de tierra también se les llamó hatos.
Si bien en los inicios del siglo XVII los hatos figuraban en las regiones costeras cercanas a San Juan y San Germán, posteriormente ampliaron su extensión por todo Puerto Rico. Un número considerable de vecinos dedicaron sus esfuerzos a la domesticación del ganado en hatos y corrales. El contrabando influyó en ese aspecto, porque a mayor lejanía de las autoridades gubernamentales, menores eran los riesgos para lograr los tratos extralegales.
Hubo tantos hateros que fue necesario instituir tierras colectivas o hatos comuneros; varios vecinos poseían el derecho de pastar sus reses en estos terrenos. Surgieron entonces prácticas comerciales propias de la economía hatera. La compraventa de derechos permitía que más reses de un individuo pastaran en determinado hato. Quienes poseían más riquezas mantuvieron sus predios individuales, es decir, sin el carácter colectivo, ya que preferían no establecer vínculos con otros dueños para aumentar su ganado o producir más bienes. No obstante, esa no era la realidad de la mayoría de los implicados, por tanto, lo comunal prevaleció.
Los campesinos y los ganaderos protagonizaron el quehacer insular de un largo periodo. Con el océano Atlántico y la política gubernamental de por medio, quedaba lejos la metrópoli colonial. También, la distancia entre la ciudad de San Juan amurallada y el resto del territorio quedó evidenciada en la configuración del campo, lo rural, como cultura aparte. La ciudad, militarizada y resguardada de los ataques del enemigo, ampliaba la distancia; el entorno rústico de las estancias campesinas acercaba a quienes habían aprendido a convivir entre los límites de lo establecido y las formas propias de la vida campesina. El contrabando, la ganadería, la agricultura de subsistencia y el cultivo del azúcar coexistieron y formaron parte de la formación de la identidad étnica y social de la población allende la ciudad durante los siglos XVI al XVIII. Incluso durante estos siglos se manifestaron en varios momentos las pugnas entre los que querían la tierra para la crianza de ganado y los que la reclamaban para el cultivo de productos principales como el azúcar, café, tabaco y algodón, entre otros. El latifundio hatero es un capítulo importante en la historia puertorriqueña.
Actualmente, el término hato continúa muy presente en la toponimia del país como reminiscencia de la etapa económica en que las tierras albergaron principalmente la crianza de ganado. Ejemplos de aquella época son los nombres de los siguientes barrios: Hato Tejas, Hato Viejo, Hato Abajo, Hato Rey, Hato Nuevo, e incluso el nombre del pueblo Hatillo (hato pequeño), en el cual sobresale todavía la actividad ganadera.
Referencias:
López Cantos, Ángel. “Historia de Puerto Rico (1650-1700)”. San Juan: Ediciones Puerto, 2017.
Moscoso, Francisco. “El hato, latifundio ganadero y mercantilismo en Puerto Rico, siglos 16 al 18”. San Juan: Publicaciones Gaviota, 2020.
Autor: Martín Cruz Santos
Publicado: 5 de noviembre de 2015
Revisión: Dra. Lizette Cabrera Salcedo, 9 de mayo de 2024
Edición: Mariela Fullana Acosta, 28 de junio de 2024




