La Fortaleza, al centro, rodeada de las murallas del San Juan antiguo.
La Fortaleza de San Juan de Puerto Rico fue construida entre 1531 y 1540. Originalmente se diseñó para proteger el puerto y la ciudad de los ataques de los enemigos de España. Sin embargo, por su ubicación no sirvió esos propósitos y desde 1544 al presente, se ha utilizado como residencia de los y las gobernantes del país y centro administrativo de sus ayudantes inmediatos.
Desde 1845, según el proyecto de reformas de la estructura del teniente coronel Santiago Cortijo, también se le llamó Palacio de Santa Catalina. Durante los primeros años de la colonización española, en San Juan no existían fortificaciones. La única estructura hecha de tapiería y piedra era la Casa Blanca, construida para los descendientes de Juan Ponce de León, capitán de la conquista entre 150 y 1521. Casa Blanca sirvió de residencia, almacén y depósito de fondos gubernamentales. La Corona española autorizó la construcción de un fuerte de defensa permanente en San Juan entre 1528 y 1529. Esa estructura, que se llamaría la Fortaleza, se construyó cerca del puerto, con vista parcial de la bahía de San Juan. En su construcción original, tal como en otras de la época, participaron africanos esclavizados y artesanos españoles. La supervisión de la obra estuvo a cargo del regidor García Troche y Juan de Castellanos, representante del cabildo de San Juan.
Para 1540, la Fortaleza consistía en un patio interior rodeado de cuatro muros de siete pies de espesor, donde se podían acomodar unas 200 personas. Desde la parte terrestre parecía una casa tradicional con techo plano. La puerta principal miraba al poblado y estaba protegida por una defensa en forma de creciente pequeña o media luna. El área que separaba la casa de la costa estaba cerrada por una muralla de seis pies y medio de alto, con una tronera emplazada para sostener cañones.
Una torre construida, al estilo medieval, en un ángulo de la muralla servía de lugar de observación para uso de los defensores. Se conocía como la Torre del homenaje, ya que en esta el gobernador juraba lealtad a la Corona española. Debajo de la torre había un calabozo, que se utilizó más bien como almacén de documentos importantes y municiones. Aquí también se llegó a guardar el “arca de las tres llaves”, la cual contenía los fondos para financiar la colonia. Más adelante, se construyó una segunda torre, la Torre austral.
La Fortaleza nunca tuvo cañones útiles, ni guarnición, pues el dinero disponible entonces para armas y soldados era muy limitado. Tan solo había seis hombres (dos artilleros, dos guardias, un hombre al cuido de las armas y un portero), media docena de cañones de ocho libras, 20 arcabuces, 20 ballestas y 40 garrochas.
Esta estructura siempre fue considerada de poca utilidad militar, debido a sus escasos recursos y a la localización. Aún cuando la fortificación tenía vista al área de anclaje y controlaba el acceso al puerto de la ciudad, la falta de visibilidad óptima a la entrada de la bahía descartaba su posibilidad como bastión defensor de la isleta. El hecho de que la estructura no se divisara hasta después de entrar a la bahía tenía el efecto de comunicar al enemigo que la ciudad poseía una pobre defensa. El cronista Gonzalo Fernández de Oviedo, quien escribió sobre Puerto Rico en 1537, dijo “aunque la edificaran ciegos no la pudieron poner en parte tan sin provecho”.
Durante el ataque holandés de 1625, estos utilizaron la Fortaleza como cuartel. Antes de abandonar la isleta, la saquearon y quemaron, destruyendo también la Fortaleza, de la que solamente quedaron en pie las paredes. La reconstrucción comenzó en 1640, y se llevó a cabo tomando en consideración que se utilizaría como residencia de gobernadores. Se destruyó la antigua ermita de Santa Catalina, que originalmente estaba ubicada junto a las murallas, y se construyó una nueva capilla dentro de la estructura. En la actualidad, la capilla de Santa Catalina está ubicada en la Torre del homenaje. Se ha sugerido que la Fortaleza adoptó el nombre de Palacio de Santa Catalina a partir de esa reconstrucción, no obstante, lo más certero está en el documento de 1845 mencionado antes.
Durante el siglo XIX, la Fortaleza experimentó muchas expansiones y mejoras. Se construyó un ala donde se encontraba la secretaría de gobierno y la capitanía general. En 1846, el gobernador Rafael de Aristegui, conocido como el Conde de Mirasol, emprendió una reconstrucción masiva, con la cual la estructura adopta la apariencia de palacio. La fachada que miraba al poblado se hizo al estilo neoclásico y se llevaron a cabo muchas renovaciones en el interior, tales como el arreglo de las paredes y el recubrimiento de los pisos con mármol.
A pesar de que esta estructura ha sido residencia de gobernantes prácticamente desde su construcción, no fue hasta una real orden presentada el 27 de noviembre de 1822, que se consignó oficialmente esa función.
En el siglo XX, durante el gobierno estadounidense, el gobernador William D. Leahy ordenó la reconstrucción del fuerte, para que se sustituyera el antiguo techo de ladrillo por uno de hormigón. Muchos de los gobernadores, han ordenado labores de reconstrucción, dejando su huella en la estructura. Del edificio original, aún permanecen las dos torres, al estilo medieval, construidas en el siglo XVI.
En 1983, la UNESCO declaró Patrimonio Histórico de la Humanidad a la Fortaleza o Palacio de Santa Catalina.
Referencias:
Castro Arroyo, María de los Ángeles. “Amurallados. Arquitectura y devenir social en el Viejo San Juan (1508-1898)”. Tomo I. San Juan: Oficina Estatal de Conservación Histórica, Oficina del Gobernador, 2024.
__________________________. “La Fortaleza de Santa Catalina”. San Juan: Patronato del Palacio de Santa Catalina, 2005.
Flores, Milagros; Luis A. Lugo Amador y José Cruz de Arrigoitia. “San Juan, ciudad de castillos y soldados”. San Juan: National Park Services, 2009.
Moscoso, Francisco. “Artesanos en la colonización española de Puerto Rico, 1508-1550”. San Juan: Ediciones Laberinto, 2024.
Ojeda, Pablo. “Palacio de Santa Catalina. Recuperación del patrimonio”. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 2015.
Autor: Grupo Editorial EPRL
Publicado: 8 de septiembre de 2014
Revisión: Dra. Lizette Cabrera Salcedo, 7 de julio de 2024
Edición: Mariela Fullana Acosta, 26 de noviembre de 2024




