Las fortificaciones de San Juan se construyeron desde el siglo XVI hasta el siglo XVIII.
Luego del último ataque corsario holandés en 1625, continuaron los trabajos para amurallar la ciudad de San Juan de Puerto Rico. El Castillo San Felipe del Morro se mantuvo en construcción junto a La Fortaleza. Era de gran importancia mantener esta zona protegida, ya que resultaba ser el sector por el cual se vigilaba la entrada a la bahía. Por lo tanto, se levantaron múltiples fortificaciones para reforzar la vigilancia y la protección del área. Entre ellas se ubicaron las baterías de San Fernando, de Santa Elena, de San Agustín, y muchas otras, y las trincheras de la Puntilla de San Lázaro. Estas construcciones fueron unidas por murallas equipadas con troneras, es decir, respiraderos o aberturas que permitían el acceso de cañones. Desde la Real Fortaleza hasta el Fuerte de San Cristóbal –al sur y este de la ciudad– se construyeron fortines y murallas adicionales. Por el lado este, la defensa contaba con el San Cristóbal, cuya primera edificación se constituyó de un aparente polígono irregular de cuatro lados, con cuatro baluartes o fortines en cada uno de sus ángulos. En cuanto a la parte norte de la isleta, debido a lo escabroso del terreno, ésta debía su única defensa al baluarte antiguo de La Perla.

Manuscrito Juan Francisco Mestre, 1792. Colección Archivo General Militar de Madrid. Cortesía Oficina Estatal de Conservación Histórica, Puerto Rico.
Para rebasar las murallas y entrar a la ciudad, se construyeron tres puertas: la de San Juan; la de San Justo –que daba al muelle–; y la de Santiago o Puerta de Tierra, nombre en referencia a su ubicación terrera.
Durante los muchos años que tomó construir todas las fortificaciones, desde el siglo XVI hasta el siglo XVIII, se presentaron dificultades tales como la falta de mano de obra, la escasez de materiales y la falta de recursos económicos. En cuanto a la mano de obra, en su gran mayoría los trabajadores fueron esclavos alquilados a los vecinos y soldados de infantería. Las herramientas y materiales eran importados y en ocasiones los pedidos llegaban tarde o simplemente no llegaban debido a la falta de comunicación. Esto provocó que las edificaciones se detuvieran por largos periodos de tiempo. En cuanto al problema económico, resultó ser a causa de la deficiencia en la otorgación de los fondos asignados por el Situado mexicano. La situación económica era tan grave debido al retraso de ese estipendio, que los soldados asignados a la isla, en ocasiones, se encontraron desprovistos de uniforme, calzado y alimento.
San Juan se convirtió en una ciudad amurallada, pero muy pobre. Sus soldados morían de hambre y los vecinos, con todo y las fortificaciones y baluartes, temían por su seguridad. No era diferente la situación con la población del interior del país. El interés de la Corona española se centró en la fortificación de la capital en el norte, postergando la seguridad de los otros puntos cardinales, que también fueron objetos de ataque. Desde los inicios de la conquista y colonización la metrópoli trató de conservar al “Puerto Rico”, que junto a La Española, fueron los primeros centros de experimentación y enriquecimiento de Europa en América, a través de la minería, la agricultura y la ganadería. Las murallas y todo el equipamiento de ingeniería militar fue el medio para sostener el plan de extracción de materias primas e impuestos, que mantuvo el dominio español por casi 400 años en el archipiélago puertorriqueño.
Referencias:
López Cantos, Ángel. “Historia de Puerto Rico, 1650-1700”. San Juan, Ediciones Puerto, 2017.
Moscoso, Francisco. “Artesanos en la colonización española de Puerto Rico, 1508-1550”. San Juan: Ediciones Laberinto, 2024.
Sepúlveda, Aníbal. “San Juan: historia ilustrada del desarrollo urbano, 1508-1898”. San Juan: Centro de Investigaciones CARIMAR, 1989.
Zapatero, Juan Manuel. “Las fortificaciones históricas de San Juan de Puerto Rico”. En Militaria revista de cultura militar. Núm. 1, pp. 141-175. Madrid: Universidad Complutense de Madrid, 1989. https://revistas.ucm.es/index.php/MILT/article/view/MILT8989110141A/3514. Consultado el 12 de mayo de 2024.
Publicado: 12 de septiembre de 2014
Revisado: Dra. Lizette Cabrera Salcedo, 14 de mayo de 2024
Edición: Mariela Fullana Acosta, 29 de julio de 2024




