Historia precolombina de Puerto Rico  

La prehistoria antillana se conoce a través de fuentes documentales y la evidencia arqueológica. Sobresalen en las primeras los cronistas españoles tales como: Cristóbal Colón, Fray Bartolomé de Las Casas, Gonzalo Fernández de Oviedo, Pedro Mártir de Anglería y Fray Ramón Pané. Algunos de estos cronistas llegaron a convivir con los taínos. Otros, como Pedro Mártir de Anglería, recibieron información de los que llegaban a las antillas y regresaban a las Cortes españoles.

La arqueología podría definirse brevemente como la ciencia que estudia el pasadode la humanidad por medio de sus restos materiales. Cuando se trata de culturas desaparecidas y que no tiene historia escrita las excavaciones arqueológicas son impresindibles para intentar una reconstrucción histórica y de la vida cotidiana de éstas. Para el arqueólogo los estratos o capas del terreno son como páginas de un libro que desaparecen a la vez que se leen. Por esta razón el arqueólogo tiene que elaborar un cuaderno de anotaciones, además de dibujos, fotografías y mapas donde registra la relación espacial de los objetos que escava. Estos artefactos y restos luego de ser documentados se colocan en bolsas plásticas rotuladas para ser analizadas en un laboratorio. Por último, toda excavación arqueológica debe culminar en un informe que intente reescribir los procesos humanos que se desprenden del análisis de los artefactos y los datos descubiertos.

La arqueología, como toda ciencia, es una sujeta al cambio y constante revisión de acuerdo a los nuevos hallazgos que se realizan, los avances tecnológicos y las nuevas teorías que abordan los datos desde novedosas perspectivas. Los taínos, por ser la etnia que fue descrita por los conquistadores españoles, es la más conocida. Por otro lado la evidencia arqueológica la ubica tan solo en los últimos trescientos años de una prehistoria que parece remontarse hasta cinco milenios.

En un principio se descansaba mayormente en las crónicas para describir aspectos relacionados con la forma y tamaño de los poblados, las costumbres, la vida cotidiana y la religión de los indios antillanos. En tiempos modernos sin embargo, la arqueología se ha asistido de disciplinas hermanas que son ramas de la antropología tales como la etnología, la lingüística antropológica y la antropología física, que han permitido corroborar o refutar nociones preconcebidas sobre nuestros indígenas. A la arqueología contemporánea también asisten peritos en arqueobotánica, arqueofauna, paleoambientes, lítica, geología, geomorfología y química que aportan datos en sus respectivas especialidades. La tecnología utilizada hoy día también incluye técnicas y aparatos sofisticados de prospección remota tales como el radar de penetración de suelos, el conductor de resistividad del terreno y la fotografía aérea que nos permiten obtener importantes datos antes de las excavaciones. Por último también se ha avanzado en los métodos de datación, que nos dan cronologías específicas, como el carbono 14 y el estudio minucioso de los estratos del terreno. Poco a poco, la prehistoria antillana se va develando como las páginas de un libro de idioma desconocido que se descifra.

Primeros habitantes

Según la evidencia arqueológica recopilada hasta la fecha, los indígenas arribaron a las Antillas por primera vez en el tercer o cuarto milenio antes de Cristo. Las fechas de carbono 14 más antiguas en Puerto Rico se han recopilado en los yacimientos de Angostura en Manatí (4000 antes de Cristo), Paso del Indio, Vega Baja (2860 antes de Cristo), Maruca, Ponce (2850 antes de Cristo) y Puerto Ferro, Vieques (2140 antes de Cristo). En Cuba, se han documentado fechas muy tempranas en Levisa (3190 antes de Cristo) y en Santo Domingo en Casimira (3000 antes de Cristo) y Barrera Mordán (2800 antes de Cristo). A estos primeros indios se les llama arcaicos o precerámicos y se postula que vinieron de Belice, adyacente a la Península de Yucatán, viajando en balsas o canoas. Probablemente hablaban un idioma protomaya, de acuerdo al lugar de donde vinieron. Se ha teorizado otra migración precerámica posterior denominada como Banwaroide proveniente de Venezuela vía Trinidad, que se había establecido en St. Kitts hacia el 2150 antes de Cristo.

Los arcaicos no tenían cerámica ni agricultura y vivían de la recolección, pesca y caza menor, cerca de los manglares y la costa. Probablemente se movían hacia el interior de las islas durante ciertas temporadas del año dependiendo de los recursos de caza y recolección disponibles. La evidencia arqueobotánica más reciente parece indicar un aprovechamiento selectivo de ciertas plantas de uso alimentario y medicinal. Inclusive existe evidencia de una agricultura incipiente, sin poder catalogarse ésta como su modo de producción dominante. Vivían en cuevas, abrigos rocosos y campamentos semi temporeros de madera y paja. Se agrupaban políticamente en bandas. Se distinguieron por la utilización de la piedra dura para elaborar utensilios de uso diario y ceremoniales.










-Los saladoides y huecoides


Para el 300 antes de Cristo grupos del tronco lingüístico arahuaco provenientes del medio y bajo Orinoco en Venezuela emigran en canoas a través de las Antillas Menores y se establecen por primera vez en el sitio de Hacienda Grande, Loíza en el noreste de Puerto Rico. Traen consigo la elaboración de una bella cerámica policromada, la cual se pintaba comúnmente de blanco sobre rojo denominada por los arqueólogos saladoide y, además, la práctica de la agricultura. Junto a éstos viene otro grupo llamado huecoide que elaboraba una cerámica sin pintura y amuletos que posiblemente representan el cóndor andino y que tendría un origen en los Andes venezolanos. Los huecoides se han documentado en los yacimientos de La Hueca en Vieques y Punta Candelero en Humacao. Algunos arqueólogos agrupan a los huecoides con los saladoides y difieren en cuanto a la interpretación de que los amuletos ornitomorfos sean cóndores y por lo tanto reflejen una emigración que viene originalmente desde la Cordillera Andina. Además de la cerámica, los saladoides manufacturaban pequeñas cuentas y adornos hechos de piedras semi preciosas y madre perla, sus yacimientos se encuentran cercanos a las costas en las desembocaduras de los ríos alrededor de toda la isla.

La evidencia arqueológica recopilada en los yacimientos de Maisabel y Paso del Indio en Vega Baja indica que los saladoides probablemente vivían en malocas o casas comunales ovaladas que albergaban todo el poblado. Estaban agrupados en un estado político tribal. En el centro del poblado había un espacio abierto donde se ubicaba una plaza sin enmarcar con piedras y allí se realizaban actividades cotidianas y rituales. El subsuelo de la misma servía como cementerio de la tribu y se consideraba conectado al Cielo y al Coaybay, Mundo de los Muertos, por un árbol cósmico que existía en un plano espiritual. Los saladoides y huecoides probablemente profesaban una religión animista que rendía culto a las fuerzas y los espíritus de la naturaleza.

El alimento principal de los saladoides parece haber sido la yuca “Manihot esculenta?, lo que se infiere por la presencia de burenes. La agricultura de la yuca fue seguramente combinada con la del maíz “Zea maiz?, la piña “Ananas sp.?, la yautía “Xanthosoma sp.?, los árboles frutales y otros productos vegetales que han sido recobrados en estudios paleobotánicos. A estos cultivos se añadía la caza menor, la pesca y la recolección de caracoles marinos y moluscos. Sobresale la captura del cangrejo de tierra “Cardisoma guanhumi?, cuyas palancas se encuentran en residuarios de los yacimientos en gran abundancia.

Según la teoría original de los arqueólogos Irving Rouse y Ricardo Alegría, a quienes se deben las identificaciones culturales vigentes hoy día, los saladoides conquistan, exterminan en muchas áreas y marginan a los arcaicos que dominaban anteriormente las Antillas. Por otro lado interpretaciones más recientes añaden que además hubo convivencia, transculturación y probablemente mestizaje entre los arcaicos y los ceramistas saladoides. Hacia el 400 después de Cristo los saladoides se empiezan a mover hacia los valles interiores de la isla y se extienden hacia el piedemonte de la Cordillera Central. Se les conoce en este periodo como saladoides cuevas, por el yacimiento Las Cuevas en Trujillo Alto. Una aldea saladoide cuevas compuesta de varias casas comunales fue excavada hacia 1995 en Paso del Indio, Vega Baja, en un valle entre mogotes al lado oeste del Río Indio.

Los ostionoides o pretaínos

Para el 600 después de Cristo estos grupos mestizos compuestos de arcaicos preagroalfareros y ceramistas arahuacos evolucionan en los pretaínos, también llamados "ostionan" y "elenan ostionoides". Con la cultura pretaína se construyen las primeras plazas ceremoniales enmarcadas en piedra y Tibes en Ponce despunta como el centro cívico-ceremonial más importante en las Antillas. En estas plazas adornadas con petroglifos o figuras talladas en las piedras, probablemente se recitaban los mitos ancestrales, se practicaba el juego de pelota y se celebraban importantes ceremonias mágico- religiosas. Mediante estudios de arqueoastronomía se ha podido demostrar que los pretaínos de Tibes orientaban algunas de sus plazas hacia la salida y puesta del sol en equinoccios y solsticios y hacia la salida y puesta de algunas constelaciones. Este conocimiento astronómico demuestra la probable existencia de un calendario agrícola.

Hacia el 900 después de Cristo ocurre un cambio en el patrón del poblado y se dividen los espacios públicos y rituales. El patrón de casas comunales cambia a uno compuesto de casas ovaladas más pequeñas alrededor de una plaza central elaborada de hileras de piedra o camellones de terreno según la evidencia recopilada en Paso del Indio y otros yacimientos. Esto es reflejo de profundos cambios sociales y políticos que marcan la transición de las tribus a un sistema político de cacicazgos o jefaturas.


-Los Taínos


Para el 1200 d.C., de acuerdo a la teoría de Irving Rouse, los pretaínos evolucionan en los taínos o chican ostionoid llegando al clímax en la evolución de la mezcla de culturas que habitaron en las Antillas. En este periodo se elaboran unos objetos rituales de exquisita decoración, tales como aros líticos, dujos o asientos, cemíes de la cohoba, espátulas vómicas, guayzas, hachas pulimentadas y trigonolitos, que sugieren un gran ceremonialismo religioso. Según algunos peritos los taínos se habían agrupado en confederaciones de caciques y estaban en vías de convertirse en sociedades con un sistema político estatal.

La sociedad taína estaba estratificada en ciertas divisiones sociales que incluían: el cacique, máximo líder político, religioso, judicial y militar; los nitaínos, compuestos de linajes y clanes de importancia, el bohique o médico sacerdote y los naborias o gente común. La religión de los taínos probablemente era politeísta, aunque todavía sobrevivían nociones animistas.

Según las crónicas de Fernández de Oviedo y Bartolomé de Las Casas, los taínos habitaban en poblados de hasta 2,000 casas con varias plazas públicas circundadas de monolitos, entre las cuales se distingue una plaza central y otra en las afueras del poblado. En las primeras se celebraba el areito, el juego de pelota, juegos gladiatorios y ritos de pasaje relacionados con matrimonios entre los caciques y élites, funerales y ceremonias de ascenso al poder cacical. En las plazas de las afueras de los poblados probablemente se recibían dignatarios y visitantes de otros poblados. También se ha destacado el rol de las plazas como mercados de intercambio de bienes, sitios donde se realizaban apuestas relacionadas con deportes y centros de distribución regional.

En el areito se narraban costumbres y mitos mediante bailes, poesía coreada y canciones de tradición oral. El batey o juego de pelota se practicaba en plazas rectangulares por bandos contrarios de hasta veinte y treinta jugadores. La pelota, que no se golpeaba con las manos sino con los hombros, codos y caderas, era maciza y elaborada de fibras y una especie de hule, probablemente sacado de la savia del ausubo Manilkara bidentata, que es la goma nativa de las Antillas. Los taínos eran muy diestros en este deporte que era también practicado por caciques y cacicas; estas últimas se quitaban su falda larga hasta los pies y la intercambiaban por una nagua que les llegaba hasta la mitad del muslo. Este deporte era también una especie de ceremonia de adivinación donde los taínos se jugaron la vida de varios españoles durante la conquista. La antigüedad y dispersión tan amplia del juego de pelota en América sugiere que una versión de éste fuera practicada por los saladoides y aún por los arcaicos precerámicos.

Los taínos tenían templos de madera y paja donde le rendían culto a sus cemíes o dioses protectores con los cuales se comunicaban mediante la ceremonia de la cohoba, donde se aspiraban las semillas del árbol de la cojóbana Anadenanthera peregrina un alucinógeno ritual. Además se distinguían por avances tecnológicos agrícolas como los montículos y camellones de labranza y sistemas de riego.

Los caciques eran cargados en literas durante sus ceremonias religiosas. Cuando oficiaban sentados en sus dujos llevaban coronas de plumas, bastones, cinturones de algodón con cuentas entretejidas, diademas, aretes y pectorales redondos de oro guanín. Los caciques poseían canoas labradas y pintadas de ochenta pies de largo en las cuales navegaban entre las islas y que eran ostentación de su prestigio y poder. Según el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo el cacique vivía en el Caney, casa rectangular de techo de dos aguas y balcón techado cuya puerta daba al batey o plaza central del poblado. La sociedad taína practicaba una regla de parentesco de familia extensa matrilineal por lo cual el patriarca familiar era un sobrino materno que heredaba el cargo a través de la hermana de más alto rango social del grupo familiar o político. El título de cacique también era hereditario por vía matrilineal, lo que significa que heredaba el cargo el hijo primogénito de la hermana del cacique. Los caciques practicaban la poliginia y tenían varias esposas, alguna de las cuales era enterrada viva junto a él para acompañarlo al otro mundo.

Aparte del cacique, el resto de la gente vivía en bohíos redondos de unos seis por ocho metros de diámetro, agrupados alrededor del batey según su linaje, clan o importancia social. Probablemente los poblados se dividían en “moeties? o mitades que representaban fuerzas opuestas de la naturaleza. Estas mitades se dividían a su vez en clanes exógamos matrilineales. Las viviendas tenían a su alrededor hortalizas, huertos medicinales y árboles frutales. Hacia el exterior del poblado se ubicaban los terrenos de siembra en montículos o camellones. Los mismos eran vigilados desde unas torres de madera, para evitar que las aves se comieran las cosechas. La configuración y el tamaño de los poblados variaba según el espacio disponible.











-Centro ceremonial de Caguana


El centro ceremonial más importante de los taínos se encontraba en Caguana, Utuado, Puerto Rico, excavado originalmente por el arqueólogo John Alden Mason entre 1914-15. En éste se ha documentado una plaza casi cuadrangular, una ovalada y ocho plazas rectangulares enmarcadas por monolitos y a veces por calzadas de piedras planas. El conjunto de petroglifos presentes en la plaza principal cuadrangular es el más avanzado en Las Antillas y consiste de grandes figuras de forma humana y animal tallados en la cara de los monolitos que mira hacia el centro de la plaza. Sobresalen las imágenes de una guaiza o careta central, que probablemente se asocia al cacique, rodeada por una pareja ancestral a su derecha y sus hijos los gemelos divinos a su izquierda; todos tienen patas de ranas o tortugas.

Hay además varias figuras de aves de la familia de las garzas, un perro, un pez que asemeja un tiburón, un buho de orejas cortas y un murciélago, lo que probablemente son alusiones a clanes totémicos y a dioses y héroes de su mitología, documentada esta última por Fray Ramón Pané a principios de la conquista. El motivo de la cara llorosa se ha documentado en más de una plaza y ha sido asociado con la temporada de lluvias. Hacia la parte noroeste de las plazas, cruzando el Río Tanamá, hay una cadena de montañas que asemeja un cemí de tres puntas gigante. Esta montaña parece haber sido objeto de gran culto y constituido un canon para las imágenes mencionadas durante el periodo taíno. La Montaña del Cemí, como se le conoce desde la apertura del sitio arqueológico como parque, se puede probablemente asociar a Cauta la montaña donde se ubicaba Cacibajagua, la cueva del origen de donde dicen haber salido los primeros taínos. Según el cronista Pedro Mártir de Anglería esta montaña se ubicaba en la región mítica de Caunana, probablemente otro nombre de Caguana.

Las plazas en Caguana, al igual que Tibes, estaban orientadas astronómicamente. Se puede teorizar que las ceremonias religiosas y de anuncio público del cacique se realizaban en las plazas que estaban orientadas en la fecha precisa de la ceremonia; de esta manera mientras el sol del amanecer se alzaba detrás de su corona de plumas, el cacique reclamaba su ascendencia divina como descendiente del sol y en control sobre los movimientos celestes.



-Mitología y religión de los taínos


Al igual que otras etnias los taínos tenían una rica y variada mitología que era su explicación sobre el orden de la naturaleza, sus dioses, héroes y el cosmos. La misma fue recopilada por el clérigo catalán Fray Ramón Pané entre 1493 al 1498 por instrucciones del Almirante Cristóbal Colón. El manuscrito de Pané Relación acerca de las antigüedades de los indios fue el primer tratado escrito sobre la mitología y religión del indio americano, lo cual reviste de suma importancia como documento histórico y antropológico.

A continuación se presenta un breve resumen de esta mitología:
El dios principal de los taínos era Yocahu Bagua Maórocoti y habitaba en el Turey o cielo, era invisible y no tenía principio. Sin embargo tenía madre con cinco nombres o aspectos llamados Atabey, Yermao, Guacar, Apito y Zuimaco. Se asociaba ésta con la Madre Tierra, las cavernas, los ríos subterráneos, los manantiales y probablemente la Luna. Se pensaba que los difuntos iban a morar al Coaybay, lugar mítico señoreado por Maquetaurie Guayaba. Se distinguía el alma de los vivos, goeíza, del espíritu de los muertos, opía.

La mitología taína narra las peripecias de Guahayona, el héroe mítico que salió de noche en canoa de la cueva Cacibajagua, fue causante de la creación del reino mineral, vegetal y animal y dejó a todas las mujeres en Matininó, la Isla de las Amazonas. En el camino tiró por la borda a su cacique y cuñado Anacacuya “Constelación del Centro?, probablemente la constelación que nosotros llamamos “La Osa Mayor?, que los indios antillanos observaban para predecir la temporada de huracanes. Luego en la Isla de Guanín Guahayona tuvo amoríos en el mar con Guabonito, Diosa de las Aguas y las medicinas, por lo cual enfermó de sífilis y fue curado por la diosa. Al final de su viaje, antes de regresar con su padre Hiauna a Cacibajagua, Guahayona recibió el collar de cibas y los aretes de oro guanín de manos de Guabonito. Probablemente esta parte del mito habla de la envestidura chamanística o cacical del héroe mítico.

Los niños de la cueva Cacibajagua, que habían sido abandonados por sus madres se conviertieron en ranas durante la primavera. Los hombres de dicha cueva, que habían quedado sin esposas consiguieron nuevas mujeres con la ayuda de los cuatro gemelos Caracaracoles que capturaron a cuatro seres sin sexo y, con la asistencia del pájaro carpintero, los convirtieron al sexo femenino. Queda mencionar el mito de Yaya, que tuvo que matar a Yayaél, su hijo rebelde, y colocó sus huesos en una dita o recipiente de higüera en lo alto de su casa, donde se convirtieron en peces. Un día los cuatro gemelos Caracaracoles invadieron la casa y se comieron los peces. Sin embargo al llegar Yaya y su esposa, sorprendidos en hurto, los gemelos dejaron caer la dita y de allí salió el mar y todos los peces que en él habitan. Pasado un tiempo indeterminado los cuatro gemelos llegaron a la casa de su abuelo Bayamanaco y notaron que poseía el fuego con el cual cocinaba casabe, pan de harina de mandioca, y que poseía el secreto de la cohoba, el alucinógeno ritual. Deminán Caracaracol, el mayor de los gemelos, pidió casabe y Bayamanaco, que celebraba el ritual de la cohoba, se enfureció por éste espiar el secreto de los bienes culturales y lo escupió en la espalda. Deminán regresó a donde sus hermanos con una dolorosa joroba de la cual sus hermanos sacaron una tortuga hembra con un cuchillo de piedra. Con esta tortuga tuvieron hijos e hijas y formaron su casa o clan.

Entre los cemíes o deidades taínas adicionales se encuentran los siguientes:
Guabancex- diosa del huracán. Tenía dos ayudantes masculinos, Guataúba, dios del viento y lluvia torrencial y, Coatrisquie, dios de las inundaciones y los golpes de agua en los ríos.

Opiyelguobirán- cemí de madera que tenía cuatro patas como de perro. Gustaba de soltarse de las cuerdas conque lo ataban para escaparse de noche a las selvas.

Baibrama- cemí que regulaba el crecimiento de la yuca y causaba enfermedades a los no devotos.

Corocote- cemí de la fertilidad que seducía a las mujeres. Sus hijos eran reconocidos por tener dos coronas en la cabeza.

A base de la información de los cronistas Fernández de Oviedo y Mártir de Anglería, historiadores y antropólogos han especulado la existencia en Boriquén o Puerto Rico de alrededor de unos 24 cacicazgos de primer orden agrupados bajo el liderato del cacique supremo Agueíbana “el viejo? de la región de Guainía (probablemente Guayanilla). Estos caciques regían en extensas regiones y a su vez tenían bajo su dominio otros caciques de menor importancia. Reflejo de esta jerarquización social parece ser el gran número de plazas o bateyes descubiertos que cuadruplica la cantidad de posibles cacicazgos principales.















-Desintegración taína y su herencia


La sociedad taína se desintegró muy temprano en el siglo XVI durante la conquista europea de América. Las voces de los areitos callaron para siempre y los poblados, petroglifos y plazas fueron abandonados a las hojas color de tiempo, que los ocultaron en el terreno de siglos para ser descubiertos por los arqueólogos en las primeras décadas del siglo XX, o correr la peor de las suertes, ser destruidos por el rápido desarrollo urbanístico del Puerto Rico moderno.

La población de los taínos mermó rápidamente debido a enfermedades para las cuales no tenían anticuerpos, las guerras, y los suicidios en masa. Además fueron sometidos a la encomienda, un tipo de esclavitud, y sus poblados fueron relocalizados cerca de las minas de oro y las haciendas de los colonos, donde se vieron obligados a realizar trabajos forzados de sol a sol. Mientras los varones morían trabajando en los placeres auríferos (bancos de arena donde la corriente depositaba partículas de oro) en los ríos, los colonos se amancebaban con las taínas, lo que trajo como consecuencia el mestizaje entre indios y españoles, ya que vinieron pocas mujeres españolas a inicios de la colonización. El mestizaje y sincretismo entre indios y los negros africanos que los sustituyeron, parece haber sido otro factor importante, aunque no ha sido extensamente estudiado.

Sin embargo, la herencia indígena sobrevive en nuestra sangre de acuerdo a estudios recientes del ADN mitocondrial en la Isla. Además según algunos lingüistas e historiadores la gran cantidad de topónimos de origen taíno por toda la Isla, y en especial en el centro montañoso de Puerto Rico, es evidencia de una supervivencia indígena mayor que no ha podido corroborarse claramente en las fuentes históricas.

El taíno era una de 150 lenguas y dialectos del tronco lingüístico arahuaco, que por su dispersión merece denominarse como el latín indígena suramericano. Hoy día se reconoce el taíno como el idioma indoamericano que más ha aportado al vocabulario español y a los idiomas occidentales en general. Algunos ejemplos de vocablos de origen taíno que persisten en nuestra Isla son: Borinquen, Guaynabo, Bayamón, Caguas, Ceiba, guayacán, guanábana, guayaba, pajuil, carey, yaboa, cucubano, huracán, hamaca, canoa y cazabe.








Autor: Dr. Osvaldo García Goyco
4 de septiembre de 2014.




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