Artes / Artes plásticas en Puerto Rico
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Se define la personalidad criolla (1750-1898)

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"El Velorio" (1893) de Francisco Oller y Cestero (1833-1917)
Para principios del siglo XVIII, dos familias que se desempeñan como doradores, decoradores y talladores son: la familia Campeche en San Juan y la familia Espada en San Germán. Impulsados por la devoción religiosa, estas familias de artistas y artesanos se dedicaron a suplir a los conventos, iglesias y devotos, las tallas y pinturas devocionarias.

La pintura de José Campeche

El pintor José Campeche (1751-1809), considerado el mejor retratista hispanoamericano de su tiempo, es hijo de un esclavo liberto y una mujer oriunda de las Islas Canarias. Campeche se formó bajo el amparo del taller familiar. Su sensibilidad por el detalle y la fisonomía, y su tendencia al estilo rococó le convierten en un pintor cuya obra era solicitada por la provincia de Caracas, La Habana y posiblemente en La Española.

Sin maestro formal, y sin salir nunca de la Isla, el joven artista conoce al pintor Luis Paret y Alcázar (1746-1799), quien había llegado a Puerto Rico desterrado por el rey Carlos III, donde le esperaba sin saberlo, el joven pintor sanjuanero. Hasta ese momento (1776) la pintura de Campeche manifestaba un carácter lineal que impartía cierta dureza a su obra. Con la lección de Paret, la pintura de Campeche habría de tomar un nuevo rumbo que se muestra en el colorido que evoca la influencia de las tonalidades azules y rosáceas propias del rococó.

No obstante, la pintura religiosa sería la que en mayor número produciría. Los modelos para las pinturas religiosas habían sido, particularmente, los grabados manieristas estudiados en los libros que atesoraba en su biblioteca. Entre las pinturas de carácter religioso se encuentran: ánimas, La Sagrada Familia, Visión de San Francisco, San Felipe Vinicio, Santa Teresa de Jesús, la Virgen del Rosario, la Virgen de las Mercedes, la Virgen del Carmen, además del centenar de copias de la Virgen de Belén.

El retrato será el género más logrado de Campeche. De carácter anecdótico e histórico y con gran atención al detalle, Campeche se destacó por obras tales como el Gobernador D. Miguel Antonio de Ustáriz, Dama a Caballo, Capitán D. Ramón de Carvajal y María de los Dolores Martínez de Carvajal.

Es precisamente en los retratos que el pintor comienza a introducir referencias y elementos propios del paisaje puertorriqueño. Ejemplo de ello lo podemos observar en el paisaje de la ciudad de San Juan representado en la pintura del Gobernador Ustáriz; en Las hijas del Gobernador D. Ramón de Castro (1797), en la que una de las niñas sostiene una maraca de higüera y en el piso hay una piña y, en el retrato del Gobernador D. Ramón de Castro (1800), con la vista panorámica del Condado y Puerta de Tierra.

Las primeras tres décadas del siglo XIX

A la muerte de Campeche y hasta la presencia de Francisco Oller (1833-1917), conservan la tradición de la pintura una decena de pintores y pintoras. Artistas peninsulares y extranjeros visitarán la Isla, manteniendo la pertinencia de la actividad plástica, pero será con Oller que la pintura asuma un sentido de identidad nacional y carácter definitorio.

Francisco Oller y Cestero

Francisco Oller y Cestero ( 1833-1917) es el más destacado pintor puertorriqueño del siglo XIX. Nos legó una obra insertada en las corrientes modernas del arte. Su formación insular se inicia en el Estudio de Juan Cletos Noa entre 1844 y 1845. Posteriormente estudia en Madrid, y en París (1858 – 1865), donde participa en el taller de Thomas Couture junto a Claude Monet, Auguste Renoir, y Alfred Sisley, entre otros. Es en esta primera época parisina que se adentra en la obra de Gustave Courbet, pintor realistarealista: 1. Partidario del Realismo. 2. Perteneciente o relativo al Realismo o a los realistas. Sistema, escuela realista., y uno de los pintores más distinguido del momento. Luego de su participación en la exposición del Salón de París en 1864, regresa a Puerto Rico, donde se suma a las corrientes abolicionistas y libertarias. Aquí permanece hasta 1873, fecha en que se inicia su segunda estancia en París (1873-1878).

Durante este período Oller participa activamente en el movimiento pictórico conocido como el Impresionismo.impresionismo.: Corriente pictórica y escultórica nacida en Francia en el siglo XIX que representa su objeto según la impresión que la luz produce a la vista, y no de acuerdo con la supuesta realidad objetiva. De él incorpora en su obra la preeminencia de la luz y el color. La luz se convierte en protagonista y define el color y el tono, efectos que se observan en sus paisajes, tanto los paisajes franceses, como los criollos. La experiencia de pintar al natural le permitirá descubrir la forma en que la luz afecta el color.

Copartícipe del desarrollo del Impresionismo en Francia, Oller abrirá las puertas del arte puertorriqueño al arte moderno. Tanto Paisaje francés II, como El estudiante, son obras programáticas del impresionismo por el uso de la luz y el color, el ambiente íntimo y la representación del paisaje al natural. No obstante, su conciencia social encuentra en el Realismorealismo: sistema estético que asigna como fin a las obras artísticas o literarias la imitación fiel de la realidad. Intenta representar las cosas tal como son, sin suavizarlas ni exagerarlas el lenguaje estilístico que mejor expresa sus preocupaciones sociales, por lo que en su obra coexisten el Realismo y el Impresionismo. El tema determina el lenguaje plástico empleado. De esta forma, en el realismo de El Veloriovelorio: acompañamiento nocturno a los parientes de un muerto, estando este de cuerpo presente. En el mismo, se ofrece comida, bebida y entretenimiento. Esta actividad fúnebre se relaciona con los rosarios cantados, ceremonia realizada en el velatorio de niños muertos, mediante el que se celebra que un nuevo ángel ha llegado al cielo. asoman, a través de la puerta y la ventana, dos paisajes impresionistas. Oller traerá a su pintura las costumbres puertorriqueñas, la belleza del paisaje y los problemas sociales. El Realismo le dará el espacio para realizar obras que evidencian su profundo desagrado por la injusticia social y su objeción a la autoridad gubernamental despótica de su época. Algunas obras de crítica social son: Un boca abajo, Castigo del negro enamorado, Almuerzo de ricos, Almuerzo de pobre y Una madre esclava.

Para Oller, El Velorio, es su obra cumbre. En ella hace una aguda crítica a la costumbre del baquinébaquiné: Velorio o fiesta en honor a un niño muerto. Se celebraba con música y baile, en lugar de rezos, ya que al ser niño se creía que se convertiría en un angelito por estar libre de pecado. En Puerto Rico, se realizó hasta mediados del siglo XX en las zonas costeras y montañosas.. La obra representa los excesos y la falta de decoro ante la muerte de un niño. Se hace patente su anticlericalismo, como también su crítica al racismo, a la desigualdad social, a las costumbres frívolas para resaltar los valores nobles que encarna el negro Pablo, quien es el único personaje que asume una actitud digna ante la muerte.






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