En 1970 la población aumentó a 2,712,033 habitantes y la incidencia delictiva se duplicó a 66,470 delitos Tipo I, con una tasa de 2,451 delitos Tipo I por cada 100,000 habitantes. Los delitos de violencia personal aumentaron a 21.3% y según las estadísticas oficiales, para 1970 uno de cada 40 habitantes estaba en riesgo de ser víctima de delito. A partir de la década de los sesenta comenzó a sentirse el impacto del trasiego de drogas ilícitas y su relación con la incidencia criminal.
Para 1980 las estadísticas reflejaron un aumento constante en la criminalidad (Tabla 2)[Tabla2]. La población aumentó a 3,196,520 habitantes y la incidencia criminal mostró un incremento de cerca de un 50% hasta alcanzar la cifra de 92,180 delitos Tipo I. Esto se tradujo en una tasa de 2,884 delitos Tipo I por cada 100,000 habitantes y en un incremento de 400 delitos Tipo I por cada 100,000 habitantes, comparado con la década anterior. El estudio publicado por la Oficina de Asuntos de la Juventud cuestionó que para 1980 se informara que la proporción de delitos de violencia personal se había reducido a 18.3% del total, ya que no hay explicación confiable sobre esta reducción. Sin embargo, dicho estudio advierte que el nivel de riesgo fue de una víctima de delitos Tipo I por cada 35 habitantes. La década de 1980 se caracterizó por un incremento en los delitos vinculados con el narcotráfico, la proliferación de armas de fuego y un aumento en las tasas de asesinatos y robos.
En 1990, con una población de 3,522,037 habitantes, Puerto Rico tuvo una incidencia criminal de 124,371 delitos Tipo I, lo que reflejó un aumento de casi 50%. La tasa de criminalidad para ese año fue de 3,531 delitos Tipo I por cada 100,000 habitantes, es decir, un incremento en tasa de casi 700 delitos Tipo I. La proporción de delitos de violencia personal aumentó a 24.1% y el nivel de riesgo vino a ser de una víctima por cada 29 habitantes. En 1992 la incidencia de delitos reportados alcanzó una cifra sin precedentes: 128,874, con una tasa de 3,600 delitos Tipo I por 100,000 habitantes. A partir de 1994 se comenzó a informar una reducción en los delitos Tipo I. Sin embargo, tales datos han sido cuestionados, especialmente a raíz de denuncias respecto a la manipulación de las estadísticas del crimen por parte de la Policía de Puerto Rico, sobre todo a partir de mediados de la década de 1990.
En el año 2000 se reportó una incidencia criminal de 75,379 delitos Tipo I, lo cual sería alrededor de un 40% inferior a las cifras del año 1990. Esto ocurrió, a pesar de que se había evidenciado un crecimiento en la población de la Isla en un 8.1%. En el 2002 se reflejó un aumento en la incidencia delictiva del país en comparación con el anterior: 90,790 delitos Tipo I. A partir del año 2003 la Policía de Puerto Rico informa una ligera reducción en los delitos Tipo I.
Existen dudas sobre las estadísticas oficiales del crimen en el país. De todas las estadísticas sociales, las estadísticas sobre la criminalidad son las menos confiables pues, además de la posibilidad de su manipulación, existe lo que se conoce como la cifra oculta del crimen, esto es, el volumen de delitos que no llegan al conocimiento de las autoridades o que no se registran oficialmente. Muchas violaciones a las leyes penales no se detectan; a veces se detectan pero no se reportan y otras, se detectan y se reportan pero las autoridades no toman acción al respecto. Además, las estadísticas oficiales del crimen suelen informar la denominada criminalidad convencional y excluir la no convencional como los delitos de cuello blanco, crímenes corporativos y la criminalidad transnacional, entre otros.
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