Economía / Evolución histórica de la economía de Puerto Rico
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El siglo XIX: crecimiento económico y transformación social

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Sembradío de caña y tabaco
En el período comprendido entre 1808 y 1830 España perdió todas sus colonias en América, excepto Cuba y Puerto Rico. La Real Cédula de Gracias de 1815 promovió la llegada de europeos, es decir, no sólo de españoles sino también de emigrantes de otras regiones de Europa. Los inmigrantes leales a la Corona continuaron apoyando el régimen político imperante en Puerto Rico. Esto, unido al aumento en la tasa de natalidad que ya se manifestaba en la vasta zona rural del país, contribuyó a un aumento vertiginoso en la población. En un principio la mayor parte de estos nuevos inmigrantes recibieron el beneficio de establecerse en las zonas rurales despobladas con el fin de explotar extensamente la tierra. No obstante, muchos se dedicaron también al comercio, en particular los españoles peninsulares, quienes pronto dominaron esa actividad sobre todo la compra y venta al por mayor.

Durante las primeras tres cuartas partes del siglo XIX la caña de azúcar, el café y el tabaco, en ese orden, se convirtieron en los productos principales de exportación. A mediados del siglo XIX la agricultura de subsistencia comenzó a perder terreno ante el avance de la agricultura destinada a abastecer los mercados en el exterior. A fines del siglo XIX solamente una bajísima proporción de los residentes de la zona rural podían reclamar ser dueños de la finca en que vivían y de la cual obtenían su sustento. Por eso la población rural, constituida mayormente por agregados, se vio poco a poco forzada a pactar con los nuevos propietarios de las fincas, lo que incrementó el trabajo a jornal y los acuerdos de arrendatarios y medianeros, que siempre favorecían al propietario de la tierra.

Con el paso de los años, al aumentar las exportaciones de azúcar y de café, esta tendencia se generalizó tanto en la altura como en la bajura. La importación de esclavos procedentes de distintas regiones de Africa proveyó, aunque en proporciones variables a lo largo del siglo XIX, parte de la fuerza obrera empleada en la industria azucarera. En la zona cafetalera la mano de obra estuvo constituida esencialmente por los agregados y por los jornaleros. Los campesinos, a pesar de ser pequeños propietarios, se veían obligados a complementar sus ingresos trabajando a jornal, mediante el sistema de la libreta de jornaleros, para los dueños de fincas más grandes.

La explotación de la tierra para la exportación de azúcar, café y tabaco provocó, no sólo la reducción de la agricultura de subsistencia, sino también el que Puerto Rico se convirtiera netamente en un país importador de alimentos, condición que prevalece hasta el presente. La mayor parte de la población puertorriqueña a lo largo del siglo XIX sufrió las consecuencias de una desnutrición que se acentuaba debido a que era prioritario utilizar las tierras para actividades agrícolas de exportación. Mientras el fenómeno de concentración de la tierraconcentración de la tierra: Ocurre cuando, en las economías cuyo sector productivo principal es la agricultura, un por ciento bajo del total de familias y/o propietarios posee y/o controla una proporción extremadamente elevada de la tierra cultivable o con potencial de explotación para propósitos agrícolas. avanzaba, también ocurría un proceso de lotificaciónlotificación: subdivisión de la tierra en fincas de tamaño mediano o pequeño, especialmente cuando se parte de fincas de gran tamaño que serán fragmentadas para distribuirse entre un mayor número de familias., es decir, de fragmentación y redistribución de fincas en manos de campesinos libres o agricultores independientes. A fines del siglo XIX, el café se había convertido en el producto principal de exportación, mientras el cultivo de azúcar había sido desplazado al segundo lugar.

Temprano en el siglo XIX ciudades como San Juan, Ponce y Mayagüez comenzaron a jugar un papel protagónico en el desarrollo de una economía nacional. Su prosperidad se debió, en buena medida, a sus puertos marítimos. Los grandes comerciantes de las zonas urbanas se convirtieron en el sector económico más poderoso del país. Muchos de los grandes hacendados y de los agricultores medianos se vieron forzados a tomar prestado de los comerciantes, particularmente debido a la estacionalidad de las cosechas que no generaban ingresos inmediatos. En gran medida, el subdesarrollo del sistema financiero durante el siglo XIX se debió a la oposición de los comerciantes al establecimiento de bancos formales pues esto afectaría una de sus actividades más lucrativas.

El establecimiento de pequeñas fábricas y talleres de producción amplió la oferta de bienes de consumo, especialmente para los residentes de la zona urbana. Los habitantes de la zona rural tenían acceso a esta producción artesanal y fabril, además de a los productos importados, a través de las tiendas de raya de las haciendas. Sin embargo, el disfrute de tales bienes estaba muy limitado debido a jornales extremadamente bajos que se devengaban y a la dinámica de la relación entre los hacendados y los trabajadores agrícolas, quienes contraían deudas casi a perpetuidad con los hacendados.

En las postrimerías del siglo XIX la economía puertorriqueña se fue adentrando en el sistema económico capitalista. A pesar de que las relaciones sociales en las haciendas eran del tipo precapitalista, ciertamente en las zonas urbanas se levantaban los cimientos de un sistema capitalista. El comercio florecía en un gran número de ciudades y pueblos y el peso se había estabilizado como moneda oficial a partir del 1895. La división del trabajo había adquirido un carácter formal, lo que ayudó al despegue del movimiento sindical cuya organización formal tendría que esperar a los primeros años del siglo XX.

El desarrollo de la infraestructura fue otro de los procesos que se acrecentó a lo largo del siglo XIX. Se construyó la carretera en la Cordillera Central, se mejoró la comunicación por la vía terrestre entre los pueblos, y se establecieron los primeros kilómetros del ferrocarril. En síntesis, en la medida en que la actividad comercial orientada tanto al exterior como al mercado doméstico prosperaba en las zonas urbanas, el país entraba formalmente a una etapa de capitalismocapitalismo: Sistema económico basado en la posesión privada de los medios de producción y distribución, que ha sido compatible históricamente con varios regímenes políticos.En algunos contextos se habla de del capitalismo como sinónimo de la democracia y esto es históricamente incorrecto y conceptualmente equivocado. Debido a su dinámica interna el capitalismo tiende a generar desigualdades de ingreso y clase, lo que puede y ha creado tensiones sociales. La democracia por su parte predica el concepto de igualdad ciudadana y las desigualdades que produce el capitalismo merma en la práctica su efectividad al privilegiar a ciudadanos con más recursos sobre los menos afortunados. incipiente.














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The economist
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The Washington Post
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